Chica digital

“Si va a manejar, no tome”, dice la famosa campaña que retumba en nuestros oídos cada vez que planeamos bebernos unos tragos. Por eso, anoche, muy juiciosa, pedí el amarillito respectivo. Después de casi un año de aplazar nuestro encuentro, una y otra vez, con mi amiga Diana Díaz , tenía la certeza de que el chisme iba a ser largo y tendido. Por eso, presumía que para tanta tela por cortar, muchos tragos por tomar.

La chica digital 28-03-14Como rara cosa, no llamé a Tappsi para solicitar el servicio, sino que tomé el teléfono fijo, que era lo primero que tenía a la mano. Taxis Libres confirmó en 5 minutos. Agarré la cartera y salí pitada para estar lista cuando el vehículo arribara a la portería. Pasaron 5, 7 y 10 minutos. Muerta de frío, opté por tomar mi celular y recurrir a mi App habitual para pedir un nuevo móvil, pero cuando estaba a punto de oprimir “solicitar”, un cambio de luces llamó mi atención. Era Germán, un llanero de pura cepa, con el que me hubiera arrepentido toda la vida de no haberme ido.

27 años en la capital han hecho que su acento se torne confuso, pero la cara de calentano no la puede negar. Cuando le conté que lo iba a traicionar pidiendo otro servicio, me confesó que el asunto era que estaba estrenando tableta y que, a sus casi 60 años, todavía le tomaba del pelo, al punto de que hoy, debido a su lentitud con el aparato, sus colegas le habían robado todas las carreras, excepto la mía. Yo era su conejillo de indias, la primera chica digital y seguramente -como se le manifesté- la que lo lanzaría al éxito en el mundillo virtual. De ahí que haya accedido a tomarse esta foto conmigo.

1Su hijo mayor, estudiante de ingeniería electrónica de la Universidad Católica, fue el responsable de entrenarlo en el tema web. Lo que sí le advirtió fue: “papá, ahora no es que se ponga a ver pornografía mientras está manejando”. Y es que, según me contó, este hombre casado hace 27 años, la relación con sus hijos fluye como si se tratara de sus mejores amigos. Y no lo pongo en duda, pues Germán, de Granada (Meta), es un hombre tan cariñoso que al iniciar o finalizar cada frase siempre me decía “mi amor”.

Pero como todas las personas, también tiene su lado oscuro, pues en un tiempo andaba con bate para defenderse de los ladrones hasta que un día los policías (a quienes no puede ni ver) se lo dieron de baja. Sin embargo, esto no fue impedimento para que una noche se llevará por delante a dos malandros, diciéndole a la anciana que llevaba de pasajera las siguientes palabras: “abuelita, agarrese, porque nos van a robar”…

Placentero viaje tuve al lado de este hombre, que me recordó el valor de la familia y me dejó rapidito, porque tenía que hacer la última carrera del día y, quizás, la más importante: recoger a su hijo en la universidad cuando el reloj marcará las 9:00 p.m.

28/03/14

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