Abrazo a un N.N.

Una de las creencias que nos ha perseguido por años es que los abrazos fueron especialmente diseñados sólo para nuestros seres queridos, amigos y conocidos. Pero, ¿por qué no algún día estrechar los brazos de un extraño?

Pablo, funcionario de la CCB

Pablo significa “hombre de humildad”

El es Pablo, funcionario de la Cámara de Comercio de Bogotá (sede Chapinero) y mi primera víctima a la hora de verificar qué pasaría si le daba al abrazo un uso diferente al que le fue asignado de fábrica. La verdad es que Pablo se lo ganó.

Era la tarde del 31 de marzo, último día para pagar la matrícula mercantil en esta entidad. Como es propio de nuestra cultura, un importante porcentaje de colombianos había dejado la vuelta para el final y otro pedazo significativo de la torta se había rehusado a cancelar por internet. Porque, a pesar de las muchas campañas, la gente sigue confiando más en el papel.

Esta resistencia a la tecnología había arrojado sus frutos: filas, filas y más filas, lo que generó que mi ingreso a la sede fuera las 2:00 p.m.y mi salida a las 5:00 p.m.

Mi vuelta no tenía nada que ver con la matrícula, sino con una inscripción. Sin embargo, la mano de formularios que había que llenar era tan apabullante, que, por un instante, entré en cólera. No sabía por dónde empezar, así como tampoco tenía idea de las respuestas a más de la mitad de las preguntas que me hacían. Era algo parecido al “síndrome de la hoja en blanco”, por el que tantos periodistas atravesamos alguna vez en nuestras carreras.

Como digna primípara, tuve que dar de baja a los dos primeros formularios por errores minúsculos, como haber puesto el apellido donde decía “segundo nombre”.

En este momento apareció Pablo como una verdadera revelación. Su don de gentes, paciencia y enorme vocación de servicio saltaban a la vista. Tan pronto cruzamos las miradas, mi cara de desesperación le dijo todo. Así que tomó asiento y, como el mejor maestro, me explicó punto por punto lo que tenía que poner. Lo único que le faltó fue tomar el bolígrafo y diligenciar el mamotreto de hojas por mí.

Y, como si esto fuera poco, mientras yo me ahogaba en las resmas de papel y hacia juiciosa la tarea que él me había encomendado, Pablo fue y tomó por mi los dos turnos que necesitaba, de modo que la espera no fuera ‘triplemente’ larga.

Pero eso no fue todo, también se infiltró en una interminable fila para sellarme el tiquete del parqueadero, de modo que yo pudiera seguir concentrada en mi tarea.

Una vez superados todos los filtros, la labor quedó efectuada y hoy ya soy una afiliada más de la CCB. Todo, gracias a Pablo, quien con su dedicación me ayudó a sacar a flote una misión, que por un instante, creí imposible.

El momento había llegado. Extendí mis brazos y le dije: “Pablo, no te conozco, pero hoy hiciste por mi lo mismo que haría un buen amigo, por eso déjame darte un abrazo”. Sin pensarlo, accedió, nos estrechamos muy fuerte y nos fundimos en un profundo silencio. Podía sentir lo conmovido que estaba y, por supuesto, yo no me quedaba atrás. Dudo que mucha gente le exprese el agradecimiento por su trabajo de esta manera.

De regreso a mi casa no pude evitar buscar el significado de su nombre y cuando lo encontré me quedé sin palabras: “viene del latín y traduce hombre de humildad”. Hoy, puedo decir que quedé con ganas de abrazar a más extraños ¿y ustedes?

02/04/14

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