‘Hot pants’

Hot pants 07-04-14Estando en los lockers del estudio de yoga al que asisto –distraída, desentendida de lo que estaba sucediendo a mí alrededor, metida en mis cosas y “sana”, como se diría en términos más coloquiales- sentí que alguien muy cerca tenía los ojos clavados en mí. Cuando levanté la mirada, me di cuenta de que era una de las chicas despampanantes, de pantaloncitos calientes y medidas perfectas, que suda a la par mío durante 90 minutos cada día de por medio.

Apenas nuestros ojos se cruzaron, me dijo: “desde la semana pasada he querido acercarme a ti para pedirte disculpas, pero no había tenido la oportunidad” ¡Quedé plop! Y para mis adentros pensé: ¿Y ésta de qué me estará hablando? ¿Me habrán confundido nuevamente con Paula Jaramillo (ex presentadora de noticieros)? Era una posibilidad, por la cantidad de personajes de la farándula que desfila por ahí todos los días.

La miré con extrañeza y entonces continuó: “Es que el lunes pasado, que estábamos parqueando afuera, me impacienté y te eché el carro encima. Fui muy agresiva”. Ni siquiera me acordaba del episodio que ella relataba y así se lo manifesté. Sin embargo, ella insistió una y otra vez en que la perdonara por el incidente. Estaba realmente angustiada. Por lo mismo, le dije de inmediato que ya estaba olvidado y que no había rollo, tomando su brazo en son de amistad.

Cuando se dio vuelta, varias reflexiones se vinieron a mi cabeza: 1. Muchas veces encasillamos a las personas y creemos que los lindos, ricos y famosos no son humildes. 2. El afán y la inmediatez del día a día nos consume y, en ocasiones, nos hace agredir a otras personas de manera involuntaria. Si lleváramos la vida con más calma no nos perderíamos de tantas escenas maravillosas que se nos presentan alrededor 3. Si en Bogotá más personas reflexionáramos sobre cómo nos comportamos como ciudadanos, así fuera después de tirarle el carro a alguien, la historia sería otra 4. Cuando vivimos tranquilos, puede que el de al lado se enganche con nosotros y hasta nos agreda, pero nosotros ni siquiera lo vamos a notar. Tal vez por eso había pasado por alto el instante que ella me describía y hoy veo a mi ciudad con unos ojos diferentes.

Hace ya un tiempo me di cuenta de que el caos no está en ella, sino en nosotros, sus habitantes. El día que lo entendí, me reconcilié con esta capital maravillosa, mágica y encantadora, que todos los días nos sorprende y nos quita el aliento si solo estamos alerta.

07/04/14

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