Los ricos también lloran

Así dibujó Elena un manos libres mientras jugaba Pictionary

Así dibujó Elena un manos libres mientras jugaba Pictionary

Cuando le pidieron a Elena que pintara un manos libres, ella sólo atinó a calcar la palma de su mano sobre el papel y encima de ella un paisaje con montañas, nubes y un sol resplandeciente. Fue entonces cuando se me ocurrió preguntarle: ¿sabes lo que es un manos libres? A lo que, por obvias razones, respondió negativamente. Cuando se lo expliqué me dijo: “ah, claro, pero cómo iba a saberlo si no conduzco un auto hace 25 años”.

Y es que Elena tiene 81. La conocí en medio de un coloquio de dos horas sobre crecimiento personal, al que me inscribí junto con mi mamá. Supuestamente era para personas de la tercera edad, pero, como pude, logré colarme en el listado, pues este es un tema que cautiva toda mi atención. De cualquier modo, fue poco lo que me pude escabullir, pues apenas fuimos tres los asistentes, por lo que mi presencia saltaba a la vista. Creo que Nicolás, el conferencista, me permitió quedarme más para que hiciera relleno que por cualquier otra razón. Sin saber, me estaba haciendo un favor, pues de esa incipiente asistencia saldría la próxima historia para mi blog.

Elena le posó a la cámara, pero, por respeto a ella y a su familia, protejo su identidad

Elena le posó a la cámara, pero, por respeto a ella y a su familia, protejo su identidad

Uno de los ejercicios de esa tarde fue jugar ‘Pictionary’, que fue de donde resultó la obra de arte de Elena. Pero, más que pintar, ella prefería hablar. Las vocales le salían por los poros y, pese a que el moderador trataba de encarrilarla una y otra vez en la actividad, ella lograba hacerle el quite.

Evidentemente necesitaba desahogarse y había buscado ese espacio como un refugio a su dolor. Elena estuvo casada dos veces. En la primera oportunidad con un importante gobernador de Cundimamarca, con quien cumplió el designio de la Iglesia: “hasta que la muerte los separe”, luego de 24 años de unión. En la segunda, con un distinguido general, con quien aún comparte el lazo del matrimonio después de 33 años. En ambas ocasiones la celebración fue oficiada por reconocidos monseñores y celebrada en catedrales de renombre.

Diva por naturaleza

Y no es para menos, pues esta madre de 7 hijos, abuela de 14 nietos y bisabuela de 6, pertenece a las altas esferas de la sociedad colombiana. En sus años mozos engalanaba con frecuencia las páginas sociales de los magazines del momento y ofrecía banquetes a los que asistían hasta presidentes de la república. De hecho, cuando se presenta, le encanta adornar su nombre con un listado de apellidos, que, al terminar, uno difícilmente puede recordar.

Y aunque en algún punto puede resultar agobiante que hable del dinero que tiene, de las innumerables propiedades que ha adquirido, de los viajes que ha hecho por el mundo y de las personalidades con las que se ha codeado a lo largo de su vida, ella es un ser especial. Realmente lo es. Es amorosa, cordial y muy bien educada.

El amor de Elena se refleja en el apretón de manos que le dio a mi madre durante la sesión con Nicolás

El amor de Elena se refleja en el apretón de manos que le dio a mi madre durante la sesión con Nicolás

Pero no todo lo que brilla es oro. A pesar de tener una familia ejemplar (todos son graduados de las mejores universidades del país y del exterior y casados con personajes pudientes), hay algo que perturba su mente en los últimos días. Tanto, que la semana pasada la llevó a quedar postrada en el piso de su baño, debido a un espasmo muscular. Por suerte, tenía el teléfono a la mano y pudo clamar por ayuda, terminando en la Clínica del Country a altas horas de la noche.

Elena vino a conocer el estrés a los 79, cuando su actual cónyuge fue diagnosticado con Alzheimer. Ambos vivían en el Parque El Virrey, en un lujoso apartamento de 550 metros. Pero, las obras que estaban realizando en los edificios nuevos de la zona afectaron seriamente la salud de esta mujer, quien hasta ese entonces no había sufrido ni de un solo dolor de cabeza. Sus cuerdas vocales empezaron a debilitarse a razón del polvo y hasta su canario de plumaje amarillo con azul pasó al otro mundo de tanta polución. El médico fue contundente: “señora tiene que abandonar ese inmueble de inmediato”. Pero, los hijos del primer matrimonio de su marido no permitieron que él se fuera detrás de ella y que emprendiera esta nueva travesía a su lado. En cambio, prefirieron que se quedara gozando de este palacio en compañía de dos enfermeras, dos empleadas domésticas, un ama de llaves y un conductor.

Amor de lejos

Esta separación forzosa llevó a Elena a sumirse en una profunda tristeza y, a pesar de que se visitan con frecuencia, nunca volverá a ser lo mismo. Ella es testigo del deterioro de su esposo día tras día y cuando trata de intervenir, el personal que trabaja para él, por directriz estricta de sus hijos, sólo le dice: “nos han dado la orden de que no acatemos ninguna de sus indicaciones”.

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La TV, la fiel amiga de esta abuela en las tardes

Elena fue hecha a un lado de la vida del general o, por lo menos, eso es lo que ella dice. Habría que oír la otra parte de la historia. Por ahora, me quedo con la versión de esta extraordinaria señora, quien, una vez finalizada la actividad, nos invitó a su casa a tomar vino, comer galletas y ver TV en su súper pantalla plana, que ocupa casi toda la sala y en la que ve películas con sus nietos mientras reposan en un enorme sofá en L.

Esta mujer parece de la aristocracia. Tiene vajillas de plata por todas partes e incluso copas de vidrio azul con incrustaciones en oro. Es más, hasta un lujoso abanico me prestó para aliviar el calor que me producía la calefacción de su apartamento, de decoración barroca y en el que predominan los tonos terracota, vino tinto y magenta.

Fue una tarde inolvidable al lado de esta bisabuela, quien buscaba la más mínima oportunidad para repetir su historia, derramar unas cuantas lágrimas y hallar consuelo. De hecho, se lo dimos aplicando la técnica que nos había enseñado el conductor del coloquio minutos atrás. “Cuando se sientan tristes y tengan ganas de llorar, no las contengan. Una vez lo estén haciendo, narren en voz alta el motivo de su dolor, pero no lo hagan con su voz habitual, sino con la de un niño o de una persona del género opuesto. Terminarán burlándose de su pena y se sentirán aliviadas”, nos reveló Nicolás.

Elena sacó sus dotes histriónicas y le dio rienda suelta a su tragedia, que pronto se convirtió en una comedia. Reímos hasta el cansancio. Sólo espero que lo practique cuando esté a solas, porque si hay algo que el dinero no puede comprar es la felicidad, así como tampoco los piropos que el general le lanza cada vez que ella se cruza en su camino. Todo, pese a que no recuerda quién es.

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6 comentarios en “Los ricos también lloran

  1. Eve, que historia más linda y es la verdad, debe hacerse uno la reflexión de que es lo que desea en su vida, si una vida de lujos o una sin muchos lujos pero feliz…. Aunque por la historia, tambien se puede decir que aveces dejamos que otras personas influyan en nuestras vidas y nos separan de lo que amamos…

  2. Triste esta historia. Los hijos que no sólo la castigan a ella sino a su padre también. Aunque los recuerdos lo hayan abandonado, la presencia y el amor del otro , los enfermos son capaces de sentirlo. Para qué tanto dinero rodeados des cuervos!

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