Manicure en apuros

Me da pena confesar que hago parte del grupo de vivos que habita esta sociedad. Nací despierta, avispada, ventajosa, ‘abeja’, de sangre judía o como le quieran llamar. Y no es mucho lo que puedo hacer al respecto. Tan sólo, vivir con ello y admitirlo públicamente.

La semana pasada, por ejemplo, tenía un almuerzo de trabajo importante. Casi crucial para mi futuro. Y, cuando observé mis manos, la uña del dedo índice derecho se había visto seriamente afectada por las cobijas mientras dormía.

2Esto no podía estar pasando. Apenas 24 horas antes me había hecho el manicure para lucir perfecta durante mi encuentro y justo, una hora antes del mismo, ésta venía a sacar la mano.

Mi seguridad, a la hora de hablar, se veía seriamente amenazada, pues soy histriónica y lo que no alcanzo a decir con palabras, lo digo con mis manos y, en el peor de los casos, con mis ojos, que no se guardan una.

El tiempo era escaso y el caos capitalino no me permitía desplazarme hasta mi peluquería habitual. Fue entonces, cuando una brillante idea se me vino a la mente: ¿y si entro a cualquier salón de belleza y me hago pasar por cliente?

Fue, entonces, cuando vi uno, justo cruzando la calle. Se veía grande, distinguido y concurrido. Jamás me había percatado de su existencia hasta ese día.

Mentiras piadosas 

Logré ocultar los nervios e ingresé. La suerte estaba echada. Le dije a la recepcionista con un tono de seguridad absoluta y mirada altiva: “señorita ayer vine a hacerme las uñas, pero se me dañó una. ¿Será que me la pueden volver a pintar?”

Ella respondió: “¿quién fue la niña que la atendió para que se la arregle?” Mi cabeza empezó a maquinar a 1.000 por segundo y una respuesta obvia y muy general se postulaba como la mejor salida. “Era joven, delgada, de pelo castaño (nunca especifiqué si claro u oscuro) y estatura promedio. Pero, la verdad, no la veo por acá. ¿Será que está descansando?”, dije yo.

No había pierde. Siempre habrá una manicurista que se ciña a esta descripción física y que esté de descanso cuando se trata de un lunes o un martes. De algo me tenía que servir el haber sido cliente asidua de peluquerías durante años y conocer muy bien el perfil de sus empleados, así como también sus horarios.

1“Debe ser Lady”, dijo la señora, a lo que yo respondí, ipso facta: “sí, ella misma”. Sabrá Dios quién es Lady. La única que conozco es la que “se pinta los ojos de azul”, interpretada por el Grupo Bravo. Pero como ella no estaba, me asignaron a su compañera de al lado, quien en cuestión de minutos le puso remedio a mi incidente.

Con un poco de vergüenza por mi travesía, pero satisfecha con la salida a mi problema, me fui dichosa para mi almuerzo, segura de que algún día volvería y esta vez sí pagaría.

12 comentarios en “Manicure en apuros

  1. juajuajuajuajua, que risa, tengo risa nerviosa por ti, te imagino tratando de decir la mentira, que chistosa, roja, con risa delatadora, como te suele pasar cuando hacer cosas así. Pero comparto con Jorge que la imaginación me lleva a pensar que se te olvido dar propina, ademas no seria creíble para la mentira que dijiste,

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