La felicidad, remedio para la enfermedad

“A veces se me escurren, se me escurren fuertemente, se me escurren fuertemente las lágrimas… Se lo confieso a usted, porque no nos conocemos, pero no se lo sostengo delante de mi familia”, me dijo con la voz entrecortada Francisco, uno de los tantos afectados por el sistema de salud en nuestro país.

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Francisco, en la lucha por una cita médica.

Me topé por primera vez con él en la sala de espera de un centro hospitalario de la EPS, en Bogotá. De inmediato llamó mi atención y no precisamente por su cojeo al andar, sino por su sonrisa, su buena vibra y su actitud afable hasta con la recepcionista que se negaba a tramitar la orden médica que requería. Desde ese instante, supe que tenía que hablar con él. Quería conocer su historia.

En un momento, coincidimos en la sala de espera del primer piso. Él, con el turno 124 y yo con el 126. Por los corrillos de pasillo me enteré de que él, al igual que yo, iba a reclamar su historia clínica, lo que era el punto de partida perfecto para propiciar la charla. Así lo hice y, de repente, él empezó a hablar o, más bien, a desahogarse.

Antes de iniciar su relato, muy gentil, me preguntó cuál era mi dolencia y lo que para mí era grave en ese momento, se convirtió en la más simple enfermedad luego de oír la suya.

Francisco tiene 55 años y ya perdió la cuenta de hace cuánto tiene osteoporosis y artritis. Pese a las múltiples operaciones que le han realizado en sus rodillas y tobillos, este mal sigue avanzando, al punto de que hoy se le dificulta caminar.

“Ya debería andar con bastón, pero me niego a estar atado a él, porque esto sólo me recordaría a cada instante que tengo una discapacidad”, manifestó. Pero, Francisco no sólo ha renunciado a este apoyo, sino también al de una persona que lo acompañe durante sus travesías médicas, en las que debe recorrer la ciudad de extremo a extremo en busca de autorizaciones, medicamentos y citas. En esas se la pasa. No siempre, corriendo con buena suerte.

La última se la dieron hasta dentro de tres meses y, por más de que intentó persuadir a la enfermera de que le consiguiera una antes, una negativa en su rostro siempre fue la constante.

Un hueso duro de roer 

Francisco salió cabizbajo. Y no era para menos. Le urge verse con el médico para entregarle los exámenes del hígado, que le dirán qué tan adversos han sido los efectos del fuerte medicamento que le han formulado para la enfermedad. Y, además, para gestionar una incapacidad, que lleva buscando desde hace meses, ya que cada vez son menos las actividades que puede realizar.

Los que sí no quieren saber de una incapacidad más son sus patrones, quienes han tenido que moverlo de cargo en cargo para mantenerlo en la empresa de metalurgia donde trabaja. Allí lleva 12 años laborando y si al principio era un activo y sobresaliente operario, hoy se dedica a lo que él llama “vueltas varias” o, en el argot corporativo, a ser el patinador de la oficina.

“A esto quedé reducido y, claro está, como ya no les soy útil, están que me sacan. Y los entiendo. Si yo estuviera en sus zapatos, seguramente haría lo mismo. No es rentable para una compañía tener a un empleado como yo, menos cuando los doctores me mandan para la casa cada dos o tres meses por periodos prolongados. De hecho, es probable, que dentro de poco tengan que darme una incapacidad vitalicia“, reveló este padre de familia.

Pero no todo es oscuro en la vida de este hombre, de tez trigueña, corta estatura y voz cálida. “Mi familia es el mejor bastón que puedo tener; ese que no me ha dejado caer. Mis dos hijas son unas estudiantes ejemplares y mi esposa, una trabajadora incansable. Ella sabe que en algún punto tendrá que hacerse responsable del hogar, pero no le importa tener que cargar conmigo a cuestas y además echarse este compromiso al hombro. Es una barraca”, confesó Francisco con admiración.

Cuando le pregunté cuál era la fórmula para combatir la enfermedad, me respondió sin reparo: “la felicidad, porque, pese a que a veces las lágrimas aparecen, predomina la actitud positiva, el amor por la familia, el espíritu emprendedor y las ganas de sonreírle a la vida todos los días”.

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Ni en los peores momentos, este colombiano le niega una sonrisa a la vida.

Francisco salió unos minutos antes que yo, por lo que me apresuré para alcanzarlo. Quería despedirme y tomarle una foto. Tras buscar por toda la zona la mejor locación para retratarlo, dimos con una caseta de dulces, donde no sólo posó ante la cámara, sino también me invitó a Chocoramo con gaseosa. De paso, aprovechó para comprar tres colombinas de chocolate, irónicamente con forma de bastón. Las destinatarias: su esposa y sus dos hijas. Acto seguido me dijo: “les llevo este detalle para endulzarles el día y que la noticia de mi cita, programada para el próximo semestre del año, no les sepa tan amargo”…

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6 comentarios en “La felicidad, remedio para la enfermedad

  1. Que buena historia como todas las que escribes, te felicito. ojala esa historia como la de este colombiano no se repitiera tan a menudo, lo que estoy seguro es que este personaje aparte de sonreirle a la vida, al recordar este encuentro con este otro personaje osea con tigo, va a tener un motivo para una sonrisa mas. ojala él tuviera la oportunidad de leer esta nota.

    • El día que me topé con Francisco, además de robarle una foto, le pedí su correo electrónico. Siempre tuve claro que quería que leyera la nota. Tal vez por eso, me costó tanto trabajo escribirla. Ya él está avisado, así que pronto sabremos qué opina. Infinitas gracias por tomarte el tiempo para leer y comentar mis escritos, pues sé que ninguna de las dos es de tus actividades predilectas. Me llena de orgullo que seas mi seguidor.

  2. Interesante crónica sobre nuestra crónica problemática social, reseñada una y otra vez con la frialdad de la indiferencia, y excepcionalmente con la humanidad que transmite tu texto.

  3. Claramente Francisco es un luchador de la felicidad, lidiar con la EPS es mas difícil que lidiar con la enfermedad. Mi mama para hacerse el seguimiento semestral, del aneurisma y del tumor que aun tiene y que no cubre la medicina prepagada por distintas razones, comienza a pedri la cita y autorizaciones 3 meses antes de la fecha establecida para hacerlo.

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