Sin lugar a devoluciones

Sin lugar a devoluciones

En un sábado lluvioso como el de hoy, me tendí en mi hamaca para repasar las lecciones de primer semestre de periodismo de la Universidad de la Sabana. Uno de los libros más preciados y notables de mi carrera, escrito por el colega Fernando Ávila, vuelve hoy a mis manos para recordarme el buen uso del idioma y, de ese modo, deleitarlos en mi blog con el don de la palabra bien escrita.

Que no se entere mi amiga Paola Aguilar que en mi biblioteca reposa esta edición de 1994, que en una de sus primeras páginas está marcada con su nombre. Sin lugar a devoluciones. Esta joya de la literatura se queda conmigo. Debo agradecerle a ella por tan valiosa herencia, en especial ahora, que el competido mundo de los blogs y mi riguroso público me exigen ceñirme a las leyes del castellano ¡A leer de dijo!

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