Narcótico de la tercera edad

A la famosa frase “juventud, divino tesoro”, yo sumaría otra que diga “vejez, divina sabiduría”. Y es que cuando uno se encuentra en el punto medio entre los dos grupos, ambos le parecen igualmente atractivos. Con el primero, tiene la posibilidad de volver a los años mozos, en los que frecuentaba los sitios de moda y la rumba se extendía hasta que encendían las luces del lugar y le pasaban a uno la cuenta. Con el segundo, se tiene la oportunidad de entablar una charla sosegada, llena de anécdotas recopiladas durante más de medio siglo, así como tomar café de olleta con panela y astillas de canela.

Mona, en el centro de sus dos cuñados, Alejandro y Fanny

Mona, en el centro de sus dos cuñados: Alejandro y Fanny

Mientras degustaba una de estas recetas de la abuela, en compañía de tres adorables representantes de esta generación, ratifiqué que cada edad tiene su encanto. En la opinión de Sonia o “Mona”, como la llaman sus más allegados, el de la década de los 70 radica en tres simples detalles: tener una cama confortable, una mesa auxiliar para comer y un televisor para dormir. Cuando le pregunté por qué para dormir y no para entretenerse, ella me respondió: “Es que para mí este aparato es un narcótico; el único capaz de dejarme noqueada en las noches”.

Los lujos, excesos y extravagancias parecen ser cosa del pasado para esta mujer, quien vive en Florida, puede pasar horas jugando sopa de letras en su Ipad y no tiene ningún problema en montarse en un avión, con destino a Bogotá, para venir a cuidar a una parienta durante sus días de convalecencia.

El TV de 50 pulgadas de Fanny engalana su estudio

El TV de 50 pulgadas de Fanny desbancó al escritorio donde sus hijas hacían las tareas

Esta última es Fanny, su cuñada, quien coincide con ella en que el televisor cumple su misión a la hora de arrullarla, pero también los miércoles, cuando el costurero se reúne en su casa y, a la vez que bordan prendas para sus nietos, aprovechan para ver la misa que transmiten por Cristo Visión a las 6:00 p.m. De ahí que haya decidido hace unos meses quitar el escritorio del estudio para abrirle campo a uno de 50 pulgadas. De este modo, la franja triple A es ahora la reina de este hogar mientras la antigua mesa, donde sus hijas hacían las tareas durante la infancia, reposa en el cuarto de atrás.

En lo que respecta a Alejandro, cuñado de Mona, él admite que, si bien el televisor es un electrodoméstico vital cuando uno llega al séptimo piso, él no lo usa para conciliar el sueño, sino para capturar la atención de su “bebé”. Tras preguntarle de quién se trataba, respondió con total orgullo: “mi hijo de 26 años. Cuando quiero que él me consienta, basta apagar el TV para que de inmediato entre en mi habitación, me arrope y me dé un beso”, relata. Lo que su primogénito no sabe es que al irrumpir en su cuarto, su padre no está sumido en un profundo sueño como él cree. Sólo aguarda atento y con los ojos cerrados a recibir la dosis de amor perfecta para despedir el día. “Es un chantaje emocional, pero inofensivo”, admite este vanidoso galán, de saco Tommy, color verde esperanza.

Lo cierto es que detrás de todas estas razones, por las que este aparato se ha ganado un palco de honor en sus hogares y vive enchufado a sus mentes, se esconde otra más, quizás la única y verdadera: llenar el vacío que deja la partida de los hijos, los años de trabajo activo que se quedaron en el pasado y la ausencia del compañero al que le llegó el tiempo de pasar a mejor vida.

Más que en cualquier otra etapa de la existencia, en la tercera edad la pantalla chica se transforma en la Caja de Pandora, que le permite a los miembros de esta generación soñar despiertos, sorprenderse y, por qué no, tomar el control remoto para, con sólo oprimir el botón rojo, escapar de la realidad.

2 comentarios en “Narcótico de la tercera edad

  1. Otra maravillosa historia!!!! Siempre logras llegar al corazón y despertar sentimientos increibles, con una narración amena pero profunda, no solo por el contenido sino porque escribes con el alma!!!

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