Mente sobre cuerpo

Por primera vez, en tres años, todos el salón de yoga para mí

Por primera vez, en tres años, todo el salón de yoga para mí

El 28 de julio fue el último día que pisé mi estudio de yoga. Lo tenía marcado con un círculo rojo en el calendario como la fecha en que enterré la felicidad para darle paso a la enfermedad. Un dolor lumbar me sacó de mi rutina de ejercicios y meditación activa para encerrarme en un sinnúmero de salas rayos X, resonancia magnética y medicina nuclear, así como en consultorios médicos, donde el único libreto que escuchaba no era precisamente el de mi maestra de Bikram, sino el de profesionales de la salud confundidos con un diagnóstico impreciso. Dentro de mí sabía que ellos no tendrían la cura para el mal y, en cambio, tenía la certeza de que era mi práctica la única capaz de devolverme la emoción por la vida, tan esquiva por esos días.

Era un riesgo reintegrarme por la extrema exigencia de este tipo de yoga, que se practica a 42 grados de temperatura y 40% de humedad, dura 90 minutos y trabaja cada una de las vértebras de la columna, con el objetivo de regenerar tejidos y células, así como eliminar toxinas. Fue entonces cuando recordé al maestro de esta disciplina: Bikram Choudhury, quien a los 17 años destruyó completamente su rodilla entrenando con pesas.

La lesión fue tan extrema que los médicos sugirieron amputar su pierna, a lo que él se negó rotundamente y optó, más bien, por refugiarse en esta práctica para, seis meses después, estar completamente sanado. Fue entonces cuando me dije a mi misma: “si él pudo, ¿por qué no yo?”. Han sido muchas las recuperaciones que he visto desfilar por el estudio al que he asistido durante estos tres años de entrenamiento. Así que aferrada a mi fe, con la fuerza de un tigre de bengala y la determinación de un bulldog inglés, hoy regresé.

Lista para ingresar a mi clase luego de más de dos meses de ausencia

Lista para ingresar a mi clase luego de más de dos meses de ausencia

Debo decir que costó, que dolió, pero que volví a nacer, al punto de que en medio de la clase no pude contener las lágrimas, que, por fortuna, se fundieron entre el sudor sin que mi maestra pudiera notarlo. Agradecí a mi cuerpo y a mi mente por permitirme estar ahí, demostrándome el poder de la conciencia, de la voluntad, de la perseverancia y, en especial, del amor por uno mismo.

Y, por supuesto, aproveché también para hacerle una venia a la vida por su infinita perfección, ya que, hoy, por primera vez, fui la única asistente a la sesión de las 4:30 p.m.. Era como si el mundo se hubiera puesto a mi favor y me hubiera regalado la posibilidad de estar a solas, reencontrándome conmigo misma y escuchando de fondo la voz de Luz, mi profesora, quien, como bien lo dice su nombre, no hizo más que iluminar mi tarde.

Me voy a casa con la ilusión de regresar mañana y sanar mi cuerpo como hoy, 8 de octubre, curé mi alma. Una fecha más para subrayar en el calendario, sólo que esta vez con color verde esperanza.

6 comentarios en “Mente sobre cuerpo

  1. Que bueno, te felicto por tu valentía y dedicación, y sobre todo que te sirva para subir el animo y aliviar tu columna. Te lo mereces.
    Besitos. .

  2. Definitivamente adoro todos tus relatos ,reitero escribes delicioso. ,es darse un espacio a oír relatos de vida lindos, Y QUE BUENO VOLVER A TU DICIPLINA DE YOGA ,UN ABRAZOZOTE ,,,,

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