La bella durmiente

1Cuando la vi rendida y profunda en el sofá, creí que se trataba de una de las protagonistas de los cuentos que estábamos interpretando durante la clase de teatro. Y no era para menos, pues llevábamos dos semanas reviviendo las ocurrencias de los hermanos Grimm y Charles Dickens, entre muchos otros autores.

Pensé que dicha doncella se había escapado de alguna de sus fantasiosas historias para cobrar vida, pero su incómoda posición me llevó a dudarlo. El sofá terracota en el que reposaba y que se encontraba alojado en uno de los pasillos de la academia Charlot era mucho más pequeño que ella y distaba bastante de aquellas confortables poltronas en las que las princesas sueñan con su príncipe azul.

Respiraba intensamente y su cuerpo caía desgonzado como si llevara a cuestas el cansancio de Cenicienta luego de que su malvada madrastra y sus horrendas hermanas delegaran en ella todos los oficios del hogar. Lucía exhausta, tanto que en algún punto llegué a considerar que estuviera, más bien, desmayada o que un hombre malvado la hubiera derribado de un solo golpe.

Con cierta frecuencia una niña cercana a los 11 años, de tés oscura y enternecedores crespos, se aproximaba y la miraba como vigilándole el sueño. En una de esas idas, la bella durmiente se despertó y la miró fijamente. Le dijo aún soñolienta y con un enorme bostezo encima: “¿qué pasó hija?”. La pequeña respondió: “venía a ver si querías papas fritas”. Ella accedió y tomó un enorme puñado, que denotaba lo hambrienta que estaba. Ya era más de medio día y faltaba mucho para que esta mujer pudiera irse a almorzar.

Lo supe, porque justo ahí hice mi entrada. Estaba muy cerca de ella, en el sofá contiguo, así que no vacilé en propiciar la charla. Le pregunté la razón de su agotamiento y me contó que tenía un establecimiento de comidas rápidas en Soacha (Cundinamarca), en el que llevaba trabajando sin descanso toda la semana por más de 15 horas diarias. Apenas estaba entrenando a una empleada para que le ayudara, pero mientras que ésta cogía el ritmo, no tenía más remedio que hacer de cocinera, cajera, mesera y dueña a la vez.

No ha sido fácil levantar a sus dos hijos sola, según me contó. Pero prefirió eso a estar al lado de un hombre como el que equivocadamente había elegido para ellos. No entró en detalles, pero pude percibir la rabia y el dolor que albergaba en su corazón. Sentí que había dejado de creer en el amor y que por eso se había refugiado en el trabajo.

Hada madrina de artistas

2Pero, pese al esfuerzo, nunca truncó la vena artística de sus dos pequeños. Su hija con ganas de ser actriz y su hijo, músico. No importa si esto le implica ir de extremo a extremo para llevarlos a sus clases, gastar doble transporte para desplazarse, aguantar hambre, trabajar horas extras para pagar sus estudios y caer rendida en la escuela de teatro de su hija mientras ella toma la clase de cuatro horas que tiene todos los sábados.

Dice que no se devuelve a su casa a descansar, porque se le va más dinero y tiempo. Así que aguarda y aprovecha a recuperar el sueño perdido de toda la semana y, en especial, de la noche anterior, cuando las ventas se triplican por ser viernes, obligándola a cerrar su negocio a las 3:00 a.m.

Ya casi todos los maestros de la escuela la distinguen y ella aprovecha este contacto para ofrecerles sus servicios también como maquiladora, tan útiles en los castings y funciones que se tienen en marcha. Es una mujer rebuscadora, abierta, extrovertida, cálida y muy joven, a la que, por cierto, nunca le pregunté su nombre. Pero, lo haré, pues me topo con ella cada fin de semana e, incluso, me nutro de sus consejos para el cuidado de la piel, que me ha entregado desinteresadamente luego de nuestro primer encuentro.

Hoy será el único sábado en el que extrañaré su presencia, pues, por la semana de receso no tendremos clase, lo que, seguramente ella celebrará como si se tratara de un estudiante más de preescolar o primaria. Descansa bella durmiente y no dejes de soñar con que mañana un príncipe también tocará a tu puerta.

Nada distinto se le puede desear a una mujer consagrada como esta, quien en una sola sentada me convenció de algo en lo que había perdido la fe durante los últimos tiempos: que el amor de una madre lo puede todo.

2 comentarios en “La bella durmiente

  1. Querida Eve, como todas tus historias muy linda y confirma que una madre sola hace lo que sea por sacar adelante a sus hijos. Y pensar que como ella hay cantidad de mujeres valientes y hechadas pa delante pues el motor que las mueve son sus pequeños. Abrazos….

    Enviado desde mi iPad

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