¡El destape!

El ejercicio, más temprano que tarde, arroja sus frutos

El ejercicio, más temprano que tarde, arroja resultados sorprendentes

Alguna vez en una reunión de amigos prometí que cuando perdiera 20 kilos, me empelotaría en Instagram (esto fue antes de establecer sus nuevas políticas). Pues el día se llegó y aunque estoy muy lejos de desnudarme, esto para mí ya es más que suficiente. Con decirles que mi profesora de Bikram yoga me pide a gritos que entre a clase en top y shorts, pero yo me rehúso. Y eso que tendría la justificación perfecta, por aquello de los 40 grados centígrados y 40% de humedad que habitan en el salón.

Hoy, en cambio, prefiero desnudar el alma para contarles que los días 5 de cada mes tienen un significado muy especial para mí, pues fue el quinto día de octubre de 2014 que decidí adoptar un modo de vida saludable luego de una lesión en la parte lumbar de mi espalda, que me postró en una cama y me sacó todas las lágrimas de dolor posibles, recordándome que sin salud no somos nada. Lo único que me podía curar era perder peso y fortalecer mi abdomen, así que tan pronto me puse de pie, me fijé esa meta.

Todo, pese a que el médico del gimnasio me declaró impedida durante la valoración y determinó que la única actividad que podía realizar era una hora de cardio tres veces por semana. Mientras él hablaba, yo sólo pensaba: para eso no me meto a un gimnasio, sino me compro una elíptica y la pongo en mi casa. Tan pronto me entregaron la rutina, la rompí, segura de que saldría adelante así fuera sola. Pero, la vida es tan maravillosa que me puso en el camino a Harold, mi entrenador actual, quien, por alguna razón, me vio las ganas y la determinación, convirtiéndolas en las mejores herramientas de trabajo. Él siempre ha protegido mi espalda durante las rutinas sin cohibirme del placer de alzar pesas, hacer abdominales y forzar mis piernas al máximo con interminables sesiones de tijeras y sentadillas.

Mi cara de felicidad lo dice todo

Mi cara de felicidad lo dice todo

Algunos me preguntan, por qué soy tan exagerada y hago dos horas y media de gimnasio todos los días. Debe ser por la misma razón por la que me regañaba mi jefe en uno de mis primeros trabajos. Porque no conozco la escala de grises. Sólo el blanco y el negro. A lo que también habría que sumar que ese es el momento más feliz de mi día, porque lo disfruto al máximo, porque encuentro la plenitud en ese lugar y porque hago cada ejercicio a conciencia, imaginando el beneficio que le está produciendo a la parte del cuerpo que estoy trabajando. No voy de afán, tampoco contesto llamadas ni chateo durante ese tiempo y, mucho menos, hablo con el de al lado. Se puede acabar el mundo, porque para mí ese es un tiempo sagrado. Toda mi concentración está puesta en lo que estoy haciendo, lo que me permite conocer y oír mi cuerpo como nunca antes lo había hecho.

Todo cambia

Hoy, soy otra. No sólo físicamente. También, mental y espiritualmente. Por eso, quiero decirles a quienes atraviesen una situación similar a la mía que sí se puede, que todo es posible y que vale la pena. Ya no ronco (o, por lo menos, eso me dicen); ahora subo desde la carrera séptima hasta la primera sin rastros de ahogo y con bolsas de mercado en ambas manos; no sufro de gripe (antes me daba tres veces al mes); puedo comprarme la ropa que me gusta y no la que me toca; me reconcilié conmigo misma al mirarme al espejo y, lo mejor, mi espalda ha vuelto a ser la de siempre. Aunque a veces duele, recordándome que no me puedo detener y que el camino es largo, pero lleno de felicidad y satisfacción. Me falta mucho aún, pues apenas he dado el primer paso de perder peso; ahora debo tonificar y deshacerme de la grasa que todavía cargo, pues debajo de esa barriguita linda que están viendo, se encuentra el Urabá, como llama mi entrenador y ángel a esa zona bananera.

Pero, no tendría sentido seguir hacia adelante sin antes identificar por qué me permití, en su momento, llegar a cargar esos 25 kilos de más. No fue fácil encontrar la respuesta, pero luego de esta travesía de 7 meses, la hallé: una carga emocional, repleta de ira y frustración, me engordó más que los mismos carbohidratos y dulces que me hubiera podido comer en toda la vida. Las emociones y sentimientos negativos nos llenan, nos inflan, pero, increíblemente, nunca nos sacian, lo que hace que nos convirtamos en un barril sin fondo. 

Mi alimentación de los últimos 7 meses ha sido la más rica de toda mi vida

Mi alimentación de los últimos 7 meses ha sido la más sabrosa de toda mi vida

Y aunque nunca debemos decir “nunca”, hoy sé que ese es el punto de no retorno, al que jamás quisiera volver. No sólo porque tengo mi fiesta de 40 años encima y tendré que usar bikini para esa fecha, sino porque la plena conciencia de lo que hoy quiero para mi vida manda sobre mí. Y ésta habla más fuerte que cualquier plato lleno de calorías que desfile por mi mesa, cualquier botella de ron con la que me inviten a brindar y cualquier sofá con cobijas, que me llame para hacer una siesta. Se despide con amor una chica fit repleta, no precisamente de comida, sino de ganas de convertir su cuerpo en el mejor templo de vida que un ser humano puede tener.

4 comentarios en “¡El destape!

  1. EVE: me llene de emcocion por ti, el camino de la vida nos muestra que todo tiene un motivo y que todo tiene una ACTITUD que corrige los errores, que nos permite perdonarnos, que nos hace avanzar y nadie tiene mejor ACTITUD que tu en los últimos tiempos para afrintar las cosas que la vida trae.
    Felicitaciones!!

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