Whisky en las alturas

Una de las siete mini botellas que encontré en el Duty Free y que no dude en comprar apenas vi

Dicen que el licor ahoga las penas y estoy por pensar que es cierto, pues tan solo han transcurrido 45 minutos y ya voy por el quinto whisky. No fue fácil encontrarlo, pues todas las tiendas a las que me acerqué sólo lo vendían en presentación de 750 ml., lo que me impedía pasar desapercibida a la hora de sacarlo en público. No quería delatarme. Y no precisamente del hecho de ser alcohólica, pues no lo soy, sino de mi tremendo temor a los aviones, que me acompaña desde los ocho años. Esto, luego de atravesar una fuerte turbulencia cuando me dirigía a Orlando (FL)  con mi familia y unos amigos cercanos de mis padres.

Curiosamente aquella vez el avión era gigante e iba casi desocupado, por lo que a los de la generación más joven nos pareció muy divertido ubicarnos en la cola del aparatejo (como le llamo desde ese entonces) mientras los adultos se sentaron en la parte delantera. Mi hermana iba justo en la mitad de la fila de tres puestos y yo en el pasillo. Lo recuerdo como si fuera ayer.

Ella, a diferencia mía, en ese entonces hablaba inglés, por lo que comprendió perfectamente cuando el piloto anunció por el altavoz que atravesaríamos por una tormenta. Tengo grabada su cara de terror y su afán desenfrenado por empezar a rezar. Yo sólo me reía de ella, porque me parecía muy cómico que se lo tomara tan a pecho. Hasta ese momento, yo era inocente de cualquier riesgo, razón por la que no medí las consecuencias de ese anuncio, que ella, por llevarme cinco años de diferencia, entendía a la perfección.

Cuando el avión se descolgó, los carros del servicio de alimentos empezaron a rodar por los pasillos y los hielos que reposaban en los vasos comenzaron a saltar con rumbo al techo. Ahí supe que era serio. Los truenos no cesaban y se colaban entre las ventanas, iluminando por completo la aeronave y recordándonos el poder inmenso de la naturaleza, que a veces olvidamos. Mi hermana empezó a llorar desconsoladamente y yo la seguí sin remedio. Sentí pánico y una impotencia profunda por estar en el extremo opuesto de mis padres. En ese instante sólo quería salir corriendo hacia sus brazos para sentirme protegida, lo que resultaba imposible, pues el avión iba rumbo a abajo sin control.

Hasta ahí me llega la película y creo que fue suficiente para desde ese momento odiar esos monstruos aéreos, a los que no les quito el enorme mérito de acercarnos a nuestros seres queridos, de permitirnos cerrar negocios o de concedernos el privilegio de conocer destinos de ensueño en cuestión de horas.

Adiós a los miedos 

Estos son algunos de los mensajes con los que podrán toparse en mis redes sociales cada vez que estoy próxima a encaramarme a un

Estos son algunos de los mensajes con los que podrán toparse en mis redes sociales cada vez que estoy próxima a encaramarme a un “aparatejo”

Lo cierto es que con el tiempo he venido a entender que todos asumimos las experiencias de manera distinta y que los miedos entran a nuestro ser solo porque nosotros lo permitimos. Pero, en realidad, ¡no existen! Fueron creados por nosotros por alguna razón, que debemos identificar y arrancar de raíz de nuestras vidas.

Lo dicen los psicólogos, también los científicos, los guías espirituales e, incluso, mis compañeros de aquel viaje fatídico, a quienes cuando les pregunto sobre ese episodio, ni siquiera lo recuerdan. La prueba es que pese a que mi hermana estuvo allí y rezaba a la vez que lloraba incesantemente, hoy no le teme a los aviones. De todos, fui yo la única que permití que dicho temor se instalara en mi durante los últimos 32 años.

No ha habido regresión que valga. Tampoco terapia psicológica ni gotas psiquiátricas que lo detengan. Y, mucho menos, el hecho de estudiar toda la teoría sobre por qué supuestamente los aviones son el medio de transporte más seguro. La razón es una sola: mientras el deseo de controlarlo todo en la vida siga arraigado en mi, la cura jamás llegará. El día en que entienda que debo confiar en el piloto y la tripulación y que no puedo manejar la aeronave, todo será distinto. A la vez que comprenda que tampoco soy el todopoderoso que puede determinar las condiciones climáticas ni las fallas técnicas que puedan presentarse.

Sola o acompañada, el temor siempre es el mismo. De hecho, prefiero la primera opción para no rasguñar o enterrarle los anillos al de al lado

Sola o acompañada, el temor siempre es el mismo. De hecho, prefiero la primera opción para no rasguñar o enterrarle los anillos al de al lado

Por ahora, debo decir que estoy harta de sentir miedo, por lo que trabajo todos los días para quitarme este sentimiento de encima. Primero, porque adoro viajar. Segundo, porque quisiera conocer muchos países que superan las seis horas máximas que tolero de vuelo. Tercero, porque estoy en un momento de mi vida en la que no quisiera temerle a nada ni nadie.

Además, soy masoquista y me pido siempre la ventana

Además, soy masoquista y me pido siempre la ventana

En este preciso instante vengo de ver a mi familia, que, por desgracia, vive a cinco horas y media de distancia de mi lugar de residencia, y aquí estoy, atada a estas siete mini botellas de whisky, que por fortuna encontré desfilando en la caja del Duty Free. Eran las últimas, por lo que no dudé ni un instante en llevármelas todas. Estoy relajada, sí, pero no en paz, que es diferente.

Menos ahora cuando recién se enciende la señal del cinturón para avisarnos que ha llegado la hora de aterrizar, instante en el que solo puedo decir: ¡Salud!

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4 comentarios en “Whisky en las alturas

  1. Lo.importante no es tener miedo, es reconocerlo, trabajarlo y superarlo. Igual volaras mas alto que un avion con tus sueños, asi que mejor temer a no volar

  2. Siento como que tus palabras fueran mias, yo siento tal cual tu describes, al subirme al “aparatejo”, y también mi miedo empezó como a los 8 años y no por una mala experiencia sino por ver a mi mamá que se ponia muy mal de los nervios, y se me pegó el miedo, y es muy cierto, que lo mas horrible es no poder tener control de la situación, jeje, eso nos pasa por controladoras,
    Me encantan tus historias te admiro mucho por todo lo que has logrado al empoderarte de tu cuerpo y tu salud, yo también voy recorriendo mi camino de encontrar la salud por medio de la alimentación y es increíble lo que se consigue, tengo una enfermedad autoinmune, y lo que como determina demasiado como me siento, estoy empezando de nuevo a hacer ejercicio, aunque no ha sido fácil, ahi voy poco a poco,
    Un abrazito.

    • Hola Tatiana. Mil gracias por tu hermoso mensaje, que recibo con mucho cariño. Es bueno saber que no estoy sola en esto y que hay alguien más allá afuera que me comprende. Tenemos una tarea muy grande y es liberarnos de esos miedos para soltarnos de las ataduras que nos impiden disfrutar de una experiencia tan maravillosa como lo es viajar. Puedo asegurarte, con conocimiento de causa, que tu enfermedad autoinmune tiene remedio y se llama: alimentación. Solo está poderosa herramienta logrará que tu cuerpo luche y combata todo lo que venga. Abrazo enorme y mucho ánimo en tu proceso.

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