¡Me gané la lotería!

El calor era infernal. La app del clima marcaba más de 40 grados centígrados en Austin, ciudad en la que residimos, así que no quedaba más que refrescarnos de alguna manera. Se me antojaba un açaí bowl, que venden en la esquina del edificio y que me recuerda a los granizados que comía de niña: frío, pero no tanto como para destemplar los dientes; de textura envolvente, casi cremosa, y de un morado tan intenso que mancha la lengua, los dedos y, si no es tu día de suerte, también la camisa que llevas puesta. 

Mi esposo, por otra parte, pidió su habitual batido con agua de coco, piña y banano, que tiene el poder de transportarlo a la más paradisiaca de las playas en cuestión de segundos. Luego de pagar, nos sentamos en una banqueta a esperar que nos llamaran por el nombre. Decidimos hacerlo, por supuesto, en una que está situada dentro del local para aprovechar el aire acondicionado, que en esta época del año, resulta un bálsamo para la piel. 

Mientras esperábamos, uno de los empleados de la cocina que está a cargo de la preparación de estas exquisitas recetas, se vislumbraba venir a los lejos. De hecho, yo ni lo noté. Estaba tan distraída mirando la etiqueta nutricional de uno de los productos del mostrador que para mí pasó inadvertido. Sin embargo, el radar de servicio de mi cónyuge, siempre presto a ayudar, lo detectó a metros. 

El hombre -de melena rubia, larga, recogida y algo ondulada; de brazos fornidos, generosa estatura y cuerpo corpulento- llevaba consigo cuatro canastas cargadas de producto. En ellas, había frutas enteras (piñas, racimos de bananos, cajas con frutos rojos, etc), pulpas congeladas, nueces, bolsas repletas con granola y algunos productos desechables. Era tal la torre de canastas que apenas si se le podían ver los ojos azules a través de los pequeños orificios de la que se encontraba en la parte más alta. 

Como un trampolín, Ilo (así le decimos de cariño a mi esposo) brincó de la silla en donde aguardábamos sentados hasta el otro rincón del local para abrirle y sostenerle la puerta. Y lo noté porque fue tan abrupto el salto que dio que interrumpió mi lectura. Bastaron tres amplios pasos con sus alargadas y estilizadas piernas para llegar justo a tiempo. El empleado se quedó pasmado frente a tal acto de generosidad, le agradeció y cruzó la puerta con rumbo hacia la bodega, donde debía descargar su enorme cargamento. Justo en ese momento llamaron por el micrófono nuestra orden, así que la recogimos en la barra de jugos y volvimos de nuevo a la banca para degustarla calmadamente desde allí. Tanto la bebida como el bowl estaban deliciosos y resultaron el antídoto perfecto para la sed. 

Como es costumbre, mi esposo terminó primero y a mi me faltaban solo unas cuantas cucharadas cuando de pronto el hombre de las canastas irrumpió en la escena. Ni siquiera habíamos notado en qué momento había regresado al local y mucho menos a la cocina. Esta vez fue él quien se acercó a donde nosotros estábamos ubicados, se aproximó hacia mi esposo, estiró el brazo y le entregó un bono con el 25% de descuento en la próxima compra. Acto seguido la dijo: “En los casi cinco años que llevo trabajando en este lugar nunca nadie me había abierto la puerta al verme cargado. Por eso, te mereces esto y más”. Vale la pena decir que no se trataba del administrador ni del gerente del lugar, que, seguramente, tienen la potestad de repartir descuentos a diestra y siniestra, sino de un auxiliar de cocina, que le pidió a su superior que le otorgara dicho beneficio para extendérselo a un cliente. 

Mi esposo disfrutando del 25% de descuento en su próxima compra

No pude contener las lágrimas, en especial por el apretado y prolongado abrazo que se dieron tras este gesto de agradecimiento. Si hubiera tenido el teléfono conmigo en aquel instante, sin duda lo hubiera dejado registrado en mi álbum de fotos. 

Cuando Ilo volvió a sentarse a mi lado, solo atiné a apretarle muy fuerte la mano y decirle: “estoy orgullosa de ti” mientras él, aún en shock, guardaba silencio como si estuviera todavía procesando lo que acababa de suceder. Pasados unos minutos y cuando creí que saldría con alguna reflexión trascendental al respecto, me sorprendió con uno de sus chistes: “La próxima vez invito yo”, dijo. Soltamos una carcajada y abandonamos el sitio. Claro está, no sin antes despedirnos a lo lejos del rubio de los jugos, que nos había hecho el día. 

Hoy por ti, mañana por mí 

De vuelta hacia el apartamento, solo pude pensar en cómo el Universo nos devuelve cuando menos no lo imaginamos y cuando entregamos sin esperar nada a cambio. Lo digo, porque cada mes mi esposo me pide que lo acompañé a alguna tienda de conveniencia cercana, de esas ubicadas en las estaciones de gasolina para comprar 40 dólares en tiquetes de lotería

El Universo nos devuelve cuando menos no lo imaginamos y cuando entregamos sin esperar nada a cambio.

Al principio nunca entendía el propósito de esta inversión, pero con el tiempo me fue quedando claro. Siempre que sale a la calle, guarda en uno de los bolsillos de sus shorts dos de esos tiquetes y cada vez que se topa con alguien que está teniendo un mal día, que se encuentra en una situación económica difícil, que le presta un buen servicio en un establecimiento comercial o que simplemente le alegra la jornada, le regala uno de esos. Lo he visto dárselo a meseros, al señor que lleva el correo, a cocineros, a habitantes de la calle, a las aseadoras de los edificios, al señor que recoge la basura en la cuadra del frente y a músicos que abrazan sus instrumentos en la calle mientras deleitan con su melodía a transeúntes desprevenidos. En este último caso, el tiquete de lotería va directo al sombrero negro que aguarda paciente por unas monedas y billetes en el suelo. 

Tal vez esta sea su forma de reemplazar el dinero en efectivo, que nunca carga en su billetera, pero más que eso es la forma de arrancarle una sonrisa a todo el que recibe dichos cartones. He sido testigo de cómo se les ilumina el rostro cuando se los entrega. Tal vez porque no los esperan, porque resulta un acto inusual y curioso o quizás porque siempre llegan acompañados de unas amables y cariñosas palabras que explican la razón por la que se han hecho acreedores de los mismos. Es como si le subieran la moral a las personas, les recargara la energía, les pusiera color a su día y las hicieran millonarias de la dicha antes de siquiera raspar con una moneda el número oculto debajo de la banda plateada. 

Ilo siempre les aconseja reservar el momento de la raspada para cuando estén a solas o con sus seres queridos, de modo que sea íntimo, divertido y mucho más emocionante. Hay quienes se han ganado dos o hasta diez dólares y siempre regresan a él para darle las gracias y compartirle la anécdota. Pero, creo que más que hacerlo por el dinero recibido, lo hacen por el gesto de haberlos sorprendido en un día cualquiera. 

Confieso que antes quería ser una de ellos, así que le pedía a mi esposo que me regalara un cartón, a lo que siempre se negaba. Ni siquiera los usaba para él, lo que me resultaba inexplicable. En un principio sentía rabia, pero con el paso del tiempo fui entendiendo que el propósito de esta lotería era llegar a las manos correctas en el momento indicado, tal y como llegó también a sus manos aquel 25% de descuento en un día caluroso de verano. Día en el que también entendí que si bien nunca he llegado a raspar alguno de esos cartones para ver si corro con suerte, ya soy lo suficientemente afortunada de compartir la vida con el hombre que los carga y los reparte por el mundo, a la vez que me enseña sobre generosidad, amor, respeto y conexión con el prójimo. Razón suficiente para hoy poder decir: ¡me gané la lotería! 

23 comentarios en “¡Me gané la lotería!

  1. Hola! Desapareciste de Instagram?!

    Espero que todo vaya bien en tu vida! Te seguía desde que yo fui a vivir a Colombia hace unos 5 años talvez.

    Bendiciones y saludos

    Enviado desde mi iPhone

  2. ¡Vuelve pronto! Te extraño. Muy linda tu historia. Gracias por compartir. Tu esposo también se ganó la lotería contigo. Dios los bendiga.

  3. Buenos días Evelyn, escribes muy bonito. Deberías escribir libros, me enganchas como Isabel Allende.
    Hace tiempo no sabía de ti y me extrañaba que no subieses contenido por instagram. Deberías volver.
    Me alegra que estes bien. Un abrazo.

    • Gracias por esas flores tan bonitas Yohanna. Las recibo con el corazón abierto de dicha. Lo del libro, ¡dalo por hecho! Ya está en proceso. Espero volver pronto por las redes. Abrazo enorme.

  4. Eve gracias por aparecer somos muchos los que extrañamos y no entendíamos tu ausencia de instagram, ahora que lo explicas esperamos volver a verte pronto haces mucha falta. Un abrazo desde Bucaramanga.

    • Yo también los extraño un montón, pero este tiempo lejos de las redes también ha sido muy bonito para seguir creciendo, explorar hacia mi interior y transformarme, de modo que el día que vuelva les pueda seguir regalando lo mejor de mi ¡Gracias por tanto! Besos y abrazos

  5. Evelyn que linda tu historia! Me alegro que tengas a tu lado a un gran ser humano. Te felicito con el corazón. Y que alegria me da volver a saber de ti! Y porque ya no estás en instagram? Yo era fiel con tus historias y te hecho de menos.

    Recibe mi cariño y saludes a tu esposo

    Enviado desde mi iPhone

    • Gracias Dilcia por tu cariño, fidelidad y generosas palabras. Me alegra un montón que me leas y espero verlos pronto de nuevo. Un abrazo enorme. PD: Si lees los comentarios, ahí les explico lo de mi cuenta de IG.

  6. Hola Eve,
    Que linda anecdota, me encanta como escribes, ya que no te veo en FB o IG pues al menos que te tengamos por aqui, yo ya te habia dicho antes en IG me encanta tu esposo, por lo chistoso que es, me hacia reir mucho con sus cosas, pero definitivamente es un ser muy bueno, te la hechaste pelada, pero el tambien tiene una gran mujer a su lado.

  7. Leerte , y entender que a pesar que los buenos actos no son noticias constantes , no son del gusto de los medios masivos si existen muchos seres humanos haciendo el bien . Y eso motiva y enseña siempre . Que bueno verte regresar a tu ritmo . Te extrañe . Y qué triste que no privarán de tenerte en IG por quien sabe qué cosa . 🥴 y vayan las cuentas que aún permanecen . Todo al revés definitivamente un abrazo los felicito por tenerse 🥰

  8. Hola eve
    No te Volví a ver en Instagram y fb y te extraño tienes alguna otra cuenta ? Personas reales como tú son las que necesitamos día a día un abrazo

    • ¡Hola hermosa! Qué bello mensaje. Gracias por acordarte de mi después de tanto tiempo. Te cuento que mi cuenta fue reportada por “contenido inapropiado”, meses atrás, e Instagram la desactivó. No ha habido forma de recuperarla. Cuando tenga planes de abrir otra, se los haré saber. Todo mi cariño y luz para ti. Besos y abrazos

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