Niño a bordo

Siempre me cercioro de reservar la ventana cuando viajo en avión, pero en esta oportunidad, para poder quedar junto a mi esposo, me tuve que decidir por el pasillo. Desde allí, si bien no me pude despedir de Bogotá durante el despegue, lo cual me ahorró unas cuantas lágrimas, sí pude notar la presencia de alguien especial al interior de la aeronave. Se trataba de uno de los auxiliares de vuelo. Lo vi desde la silla 10C en la que me encontraba sentada cuando aún no se cerraban las cortinas de velo color azul, que separan primera clase del resto del mundo.

Me percaté de que estaba tomando la orden de los pasajeros de aquella sección para la hora del almuerzo, pues con mucha clase, distinción y delicadeza recogía los menús con tapa de cuero negra mientras anotaba en su libreta el pedido.

Amable, sonriente y muy servicial lució este empleado durante el vuelo.

Lo primero que se me vino a la mente cuando lo vi fue que era idéntico a Papá Noél. Su abundante barba blanca, su pelo canoso y sedoso, su enorme panza redonda pero firme, su tez blanca y los anteojos de marco liviano y casi imperceptible, que se mantenían firmes gracias a su protuberante nariz, me hizo creer por un instante que nos dirigíamos hacía el Polo Norte y no hacia Austin, Texas.

Lo único que le faltaba para convertirse en una réplica perfecta era su traje rojo con blanco, que en esta ocasión había sido reemplazado por uno azul marino, de pantalón y chaleco, camisa a cuadros y corbata de rombos. En un costado de su pecho, justo encima el corazón, el broche de alas de tonalidad plateada que lo distinguía como un mensajero del cielo.

Hasta hubiese podido jurar que durante las Navidades se desliza por las chimeneas de todos los hogares alrededor del mundo para depositar los regalos junto al árbol y hacer felices a los más chicos. De hecho, su encanto entre el público infantil quedó al descubierto cuando lo vi interactuar con uno de los pasajeros, ubicado justo en la fila 9. Se trataba de un pequeño de aproximadamente dos años, abundante cabellera oscura rizada, tez morena y un llanto tan fuerte que levantaba a cualquiera. De hecho, sus gritos desgarradores lograron despertarme del sueño profundo en el que me sumerjo, incluso antes de que empiece a rodar el avión. Esto, gracias a la infaltable dosis de Mareol, que me acompaña en cada aeropuerto.

Curiosamente, el color del vestido del pequeño era como el de Santa…

Pero, si yo quedé desvelada, la vecina de la silla 10A, que ocupaba el puesto de la ventana, no se quedó atrás. Su inconformidad frente a los agudos sonidos que emitía el pequeño era evidente y salió a flote cuando el carrito de las bebidas se aproximaba a nuestra fila. A cargo del servicio estaba nada más y nada menos que nuestro Santa, quien esta vez en cambio de regalos, venía cargado de bebidas frías y calientes.

Con la boca abierta

Al dirigirse a nuestra compañera de puesto -una mujer cercana a los 50 años, con buena figura, facciones hispanas, cabellera teñida color rubio y uno que otro retoque facial- para preguntarle qué le provocaba, ella, con completo desparpajo, respondió en inglés: “aparte de un café negro sin azúcar, que el niño de adelante se calle”. Evidentemente, no era de las que cada 24 de diciembre deja un plato con galletas y un vaso de leche al lado de la chimenea.

Robert, como por fin pude identificar al auxiliar de vuelo luego de ver su nombre impreso en la escarapela que llevaba colgando en el cuello, se quedó mirándola fijamente y con un tono inundado por el infinito amor, que solo un ser celestial puede entonar, se dirigió a ella diciendo: “si algo he aprendido durante todos estos años y horas de vuelo, en los que miles de niños han desfilado por estos pasillos, es que ellos se comportan de acuerdo con la energía que nosotros les transmitamos. Y con ello no sólo me refiero a los padres, sino también a la tripulación y a los pasajeros. Entre más se resista al llanto, más queja vendrá. En cambio, si lo acepta, éste cesará”. Al no encontrar la respuesta que ella esperaba, la mujer no tuvo más remedio que callar, bajar la mirada y atragantarse con su café.

Para reforzar su teoría, este hombre sabio, retrocedió en silencio unos cuantos pasos hacia la fila del pequeño, le preguntó su nombre y tras haber sido revelado por su padres, le dijo: “Bienvenido Francisco, ¿qué te ofrezco? ¿whisky o vodka?”, seguido por una enorme carcajada y una sutil caricia en la mejilla derecha. Parecía como si, en realidad, el niño hubiera quedado anestesiado con alguna de esas bebidas, sumada a una de mis dosis de Mareol, pues entró en un estado de completa calma, quietud y silencio. Si bien durante las cinco horas de vuelo no pegó los ojos, sí se comportó como un verdadero angelito. Había sido la energía de Robert la única capaz de darle paz. La misma que puedo suponer Santa Claus le brinda a los niños cuando visita sus hogares.

Una vez verificada su hipótesis, nuestra vecina cayó fundida, yo agarré de inmediato mi IPad para escribir este relato y mi esposo, que hace las veces de reportero gráfico de mis historias, procedió a capturar la esencia de este auxiliar en una imagen. Incluso, le pidió que posara con nosotros y le dio las gracias por la enorme lección de vida que nos había dado a todos los presentes. Con los cachetes algo ruborizados, él hizo una venia y continuó con el servicio.

Lo que Robert nunca imaginó es que sus palabras trascendieran tanto en mi mente y en mi corazón y me recordarán que somos cocreadores de nuestra realidad y que la energía que depositamos en cada experiencia de nuestras vidas es la misma que recibimos de vuelta. Tras esta reflexión, cerré los ojos y volví a un profundo sueño, que me hizo olvidar, por lo que quedaba del viaje, que me encontraba sentada en un avión para, más bien, transportarme a un mágico trineo conducido por renos.

14 comentarios en “Niño a bordo

  1. Hola Evelyn, Espero se encuentre bien. Yo la seguía por Instagram y me sorprendí que de un momento a otro ya no está su página. Adonde la puedo seguir ahora?

    Ingrid

    >

  2. Hace mucho que no te veía por ninguna parte. Espero que vuelvas a Instagram. Saludos desde Ecuador. Lindo mensaje.

    Enviado desde mi iPhone

  3. Que bonito Evelyn, me saco una sonrisa incluso en este momento estoy montada en un avión y hace poco me tocó una viaje muy corto de 30 minutos y al lado un bebé de solo 2 meses creería yo, el lloro todo el viaje a grito enteró yo me relaje y me puse en el lugar de la mamá nosotras hacemos piruetas para no incomodar a nadie es tan solo un bebé no sabemos que le pueda estar incomodando y no esos culpa de nadie ellos están en su libertad así muy demalas los que se extresen ellos son los que sufren y se les tornará muyyyyy largo el viaje.
    Por cierto te he estado pensando que será de la vida de Evelyn yo estuve en una conferencia con Tigo en Usaquén incluso almorzamos juntas con otras chicas, estrañando tus historias y risassss muy contagiosas, cuando vuelves alas redes????

    • Diana cómo olvidar nuestro almuerzo y esa maravillosa reunión en Usaquen. Siempre las llevo a todas en lo más profundo de mi corazón. Gracias por compartir tu anécdota y ser del grupo de personas pacientes y empáticas, que entiende una situación de este tipo. Besos y abrazos.

  4. Eveee, que belleza poder leerte de nuevo aunque sea por aquí !!!
    Definitivamente las energías de las personas o de un ambiente son como un termómetro que no todas las personas tienen o saben detectarlo, ahhh yo confío tanto en ellas porque son como clase de intuición donde puedes sentir empatía o todo lo contrario.

    Espero que te encuentres bien, se te entraña un montón a ti, las locuras con tu esposo y del perrito en Instagram, espero regreses pronto.

    Saludos desde Honduras
    Gabriela M

  5. Así es mi querida Gabriela. Somos energía y es ella la que mueve y determina todo. Espero que también tú y tu familia se encuentren de maravilla. Todos por este lado te mandamos un abrazo y un ladrido. Besitos

  6. Eve, qué alegría volver a leerte….esa es la mística y la magia que nos envuelven a los tripulantes de cabina…más que ser quienes atendemos a bordo, llevamos con nosotros experiencias inigualables, que nos permiten tocar corazones y marcar diferencia en muchos momentos.
    Como siempre, gracias por compartir.
    Se te extraña en cantidades exorbitantes.

    • Mi Maleja hermosa. Primero, gracias por ampliar mi léxico, pues en mi vocabulario solo tenía “auxiliares de vuelo” y “miembros de la tripulación”, pero esto de “tripulantes de cabina” sí que me gustó. Segundo, gracias por ser otro ángel del cielo y realizar un trabajo para el que se necesitan nervios de acero, coraje, paciencia y mucha tolerancia. Besos y gracias por siempre leerme. Love U 😍

  7. Me encantan tus historias, todas las leo, tienes una magia para que uno pueda transportarse a tus historias y creer por un momento que también junto a ti experimente la misma magia. Tan feliz estoy de tu amistad que estoy mas que convencida de tu reflexión somos cocreadores pero también correspondientes con personas lindas en la vida de cada una. Hoy doy gracias a la vida por ponerte en mi camino y por darme la oportunidad de decirle a otras personas con gran alegria y orgullo que tengo una amiga como tú.

    • Mi Adri hermosa, en este preciso instante estaba agradeciendo por tres momentos de mi día, como lo hago todas las noches, y me faltaba mencionar el último cuando vi tu mensaje. Sin duda, tus palabras y tu amistad sincera siempre serán un motivo de sobra para dar las gracias. Bendito el día en que te cruzaste en mi camino para mostrarme que la generosidad es infinita.

  8. Hola Evelyn,
    Espero estes bien, como ya no hay por donde seguirte, al menos me llegan notificaciones cuando escribes un articulo, me encanto! me llego a mi, tener paciencia, y saber responder positivamente a las acciones de otros. Saludes a el gringo y a el perrito.

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