Aniversario COVID-19

Carta a mi esposo, quien la recibirá en su correo al mismo tiempo que mis lectores…

La lección más valiosa y poderosa que aprendí el fin de semana pasado durante el curso de Eneagrama, dictado por el genio emocional Borja Vilaseca, fue que un maestro espiritual no es aquel que nos inspira ni que nos sirve como un modelo a seguir, sino ese que nos perturba, nos saca por completo de nuestra zona de confort, nos hace espejo y nos inunda cada día con información que no queremos recibir y experiencias que preferimos evadir.

Por eso, hoy tengo muy claro por qué te elegí, por qué seguiré caminando de tu mano hasta que el aprendizaje acabe, por qué he crecido contigo en estos tres años más de lo que he crecido en una vida entera, por qué me he mantenido firme de cara a la adversidad. No es más que porque tú eres mi maestro y yo esa alumna terca e irreverente que se niega a dejar a medias su desarrollo espiritual y que busca dejarle al alma que habita este cuerpo un importante camino recorrido, de modo que en el siguiente haya más flores que piedras que sortear.

Hoy nos separa un virus, pero mañana nos unirá el abrazo que en este día no nos podemos dar“.

Luego de tres años de haber dado el sí, volvería a darlo nuevamente y repetiría cada situación de dolor y de dicha tal cual, pues gracias a ellas he podido entender que la realidad es neutra, que no hay situación mala o buena, sino interpretaciones, creencias y miradas que la ubican en un lado o en el otro. Gracias a ellas, hoy comprendo que el dolor como la dicha son temporales y que si logras abrazarlos con la misma intensidad, te pueden transformar en la mejor versión de ti.

Pero esto no ha sido lo único maravilloso de este recorrido contigo amor de mi vida. Este 18 de marzo también debo agradecerte enormemente y hacerte la misma venia que se le hace a un maestro, porque en este tiempo has respetado mi esencia, mi singularidad, mi alma libre tan necesitada de aire y espacio, mi rebeldía, mis decisiones por irracionales que sean y, lo mejor, te has abstenido de decirme qué hacer porque sabes que esos serían energía y tiempo perdidos, ya que nunca te haría caso.

Te amo más que el primer día que me robaste un beso, porque hoy, al rozar tus labios, siento el poder del hilo rojo que nos une, de la vulnerabilidad que solo un canchoso fue capaz de despertar en mí, de la mancha de nacimiento que compartimos en el lado opuesto de nuestra cintura -como si algún día hubiésemos estado conectados como siameses por ese extremo- y del coqueto lunar del dedo gordo del pie que Samantha y yo heredamos del Universo como símbolo de una maternidad adoptada.

Me siento feliz de vivir separados este aniversario como una nueva prueba de amor y de desapego. Celebra esta fecha con esos tenis nuevos, que mañana tocarán a tu puerta y que harán que vuelvas a mí más tarde que temprano, porque a diferencia de los anteriores que te regalé, estos no sólo te permitirán correr, sino también irte de excursión y escalar los 2.600 metros más cerca de las estrellas en los que yo te estaré esperando.

Por siempre, tu ILA.

9 comentarios en “Aniversario COVID-19

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