¡Me tumbaron!

No fue en un andén mientras caminaba, ni en el carro. Tampoco en el banco, ni en Transmilenio y mucho menos en la panadería del barrio cuando me dieron las vueltas. No fue un habitante de la calle ni una banda de atracadores profesionales. Fue en mi propia casa y en mis propias narices. El ladrón:…